Caminando en un día nublado, apunto de llover, me encontraba fatal, las lágrimas no podían parar de caer por mis mejillas, entre en el parque, fui por un camino que nadie conocía, era tranquilo y precioso, me tumbé en el césped, cerré los ojos y suspiré, me vinieron todo tipo de recuerdos, las lágrimas empezaron a caer de nuevo, sentía la brisa del viento en mi cara, hacia frío y no estaba abrigada, de pronto siento unos pasos, me hice la loca, seguía con los ojos cerrados, empiezan a tocar la guitarra y a cantar:
- Kiss me like you wanna be loved - Era una voz muy dulce, y la verdad tocaba bien la guitarra, abro los ojos y me encuentro a un chico pelirrojo, de piel muy pálida y ojos azules, aparentaba ser un chico bueno, pero ya saben, las apariencias engañan no?
- Dios que voz tienes, es impresionante - le dije, se sentó a mí lado
- Gracias guapa - y me dedicó una bonita sonrisa - ¿Cómo te llamas?
- Dácil y tú? - le pregunté
- Ed - me dijo secó, me ponía un poco nerviosa, no paraba de mirarme - Sabías que las princesas no lloran? - y me secaba las lágrimas, le sonreí - Tienes una sonrisa preciosa - ya me estaba empezando a sonrojar
- Y bueno, que haces por aquí?
- Tomar el aire, últimamente estoy muy nervioso, y tu?
- Venir aquí me relaja, sentir como el aire roza la copa de los árboles y ver como caen las hojas, me encanta - le dije, hablamos durante horas, era increíble, teníamos mucho en común, era como mi alma gemela, y a lo mejor será precipitado, pero creo que me estoy enamorando, miré el reloj, ya era tarde, si no llego en diez minutos, estaré muerta
- Ed, lo siento me tengo que ir ya, me encanto hablar contigo y que me entendieras, podemos quedar otro día no? - me miró con una gran sonrisa
- Claro princesa - sacó un papel y me dio su número de teléfono, sonreí
- Ahora soy princesa?
- No, solo mí princesa - se levantó, extendió su brazo para despedirse, no sé que me pasó pero me impulsé a abrazarle - Oh cuánta confianza - y rió, esa risa me llevaba al paraíso, sonreí y me dirigí a mi casa.
Llegué a casa, subí directa a mi habitación, me quité los zapatos, me tiré en la cama, no paraba de pensar en aquel pelirrojo, y cuando menos me di cuenta, me quedé dormida.
Al día siguiente me levanté, con una gran sonrisa, hoy lo llamaré, inventaré alguna excusa para verle, sinceramente merecía la pena. Me puse el uniforme y caminé hacia el colegio, un poco pesado, pero tenía la ventaja de ver a Alex.